Esculpir con tela: la técnica del moulage

Si algo suele fascinar a los aficionados al diseño y la creatividad es la fusión de las artes. Cómo las técnicas de determinado medio pueden aplicarse a otro distinto, cómo cierto lenguaje creativo influye en otras disciplinas, cómo formas de artesanía en apariencia divergentes guardan similitudes… La confección textil no es una excepción. Con frecuencia los patrones nos recuerdan a planos arquitectónicos, el

diseño de estampados a las artes visuales, el bordado a la ilustración o la técnica del moulage a la escultura. Presentamos aquí los principios básicos de esta última técnica y lo que con ella puede llegar a crearse.

¿En qué consiste?

La técnica del moulage permite crear diseños sobre el cuerpo de un maniquí sin necesidad de patrón previo. En consecuencia, las prendas tendrán un ajuste óptimo al cuerpo. Primero se confecciona una pieza prototipo de la talla del maniquí. Esta pieza será reproducible y escalable. Es uno de los sistemas de producción textil más creativos, ya que posibilita encontrar nuevas formas de patronaje.

¿Qué materiales y utensilios se necesitan?

Es imprescindible disponer de:

  • Un maniquí sin brazos, enguatado y recubierto de tela.
  • Tejido de algodón en crudo para elaborar la toile o glasilla (el patrón en tela de la futura prenda).
  • Cinta Bolduc (en azul, rojo y negro) y alfileres para marcar las líneas base del cuerpo sobre el maniquí.
  • Jaboncillo de sastre o lápiz para marcar los aplomos o piquetes.
  • Cinta métrica para comprobar las medidas.
  • Y el material habitual de costura, como hilo o tijeras.

¿Cuál es el proceso de trabajo?

Antes de empezar, es necesario marcar en el maniquí las líneas base del cuerpo. Para ello, se utilizan las cintas Bolduc sujetas con alfileres. Con ellas trazaremos sobre el busto las líneas de la mitad frontal y la mitad trasera, las de pecho, sisa, cintura, cadera, cuello, las costuras laterales, el entallado delantero y el entallado trasero. Es habitual marcar las líneas horizontales en rojo, las verticales en azul y las de corte en negro, pero hay quien las marca en un mismo color.

Una vez preparado el maniquí, ya puede esculpirse el diseño y adaptar la tela sobre él. Habrá que prestar atención al sentido de la trama y la urdimbre del tejido. Y decidir si todas las piezas de la prenda van al hilo, o si algunas van a contrahilo o al bies. En esta fase, se señalan también los aplomos o piquetes necesarios. Sobre el busto iremos probando los distintos cortes y volúmenes hasta obtener el resultado deseado. Así, crearemos la prenda prototipo, antes de pasarla al tejido final. Tal y como apuntábamos antes, este patrón base o glasilla podrá reproducirse en distintas tallas.

¿Qué tipo de prendas pueden confeccionarse?

Es una técnica idónea para diseñar y confeccionar vestidos, blusas o chaquetas en tejidos vaporosos como la seda, la muselina o el chifón. Por supuesto, puede utilizarse para crear indumentaria con géneros más recios. Lo esencial, en cualquier caso, es que el tejido con el que se moldea sobre el maniquí tenga la misma caída, o similar, al de la prenda final para hacerse una idea del resultado.

Dado que facilita la creación de prendas con un ajuste óptimo al cuerpo, es una técnica habitual en la alta costura en general y en el diseño de vestidos de novia en particular. Los entusiastas y aficionados con conocimientos de corte y confección también pueden recurrir a este sistema para elaborar prendas con grandes volúmenes o drapeados. En definitiva, se trata de dar rienda suelta a la creatividad proyectando los diseños en tres dimensiones desde su origen. Si, en ocasiones, cuesta previsualizar un diseño en plano a partir del patrón tradicional en papel, el moulage es una estupenda alternativa.

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